13 de marzo de 2010

El tiempo de la descendencia de la crudeza y la esencia espiritual

Hace poco, muy poco tiempo y hablo de treinta o cuarenta años atrás, tan sólo una generación fíjense, para indicarles cómo los tiempos han cambiao. El desconocimiento, la falta de comunicación y búsqueda del pasado de nuestros propios padres nos hace ser habitantes engreídos de un mundo ficción hermoso que nos ha tocado vivir.

Desde la mujer esclava y dueña de las tareas del hogar, a la lámpara de aceite (las mariposas), o aquel buen invento que no existía como podría ser "El Water" o la nevera en terminos menores. Dónde las compras eran diarias, dónde los remiendos llegaban al huevo y la media, y las casas valían partidas de cartas, el vino se cambiaba por comida y las relaciones eran impuestas por el aburrimiento y porque sí. Aquellos tiempos de trasperlo dónde no se podía luchar contra el boca a boca y todo intento fue perecedero. Allí me gustaría verme a mí, a mí y a todos. No sólo para un día o dos si no para que un tiempo importante compartiéramos vivencias y creencias absurdas con aquellas personas que hoy día nos traen de comer nuestros días y horas. Hay personas absolutamente inertes y otras tan realmente bellas (con conocimiento de causa) que deberíamos de mirárnoslo objetivamente.

Deberíamos haber vivido un momento nazi, o una guerra en casa, para darnos cuenta que vivir es vivir y no pasar la vida. Antes la gente no se conformaba con la felicidad, y hoy día sí, no entiendo el porqué. Sólo supongo que la rutina, la disciplina y las creencias del momento influyen en la mayoría de los pensamientos de la época, y hace falta ser un revolucionario, un visionario o un culo inquieto referido directamente a la faceta del pensamiento para darse cuenta de algún puñado de cosas inverosímiles que pasan hoy día en esta vida. Y luego tener un par de compañones para asumirlas.